La historia de la humanidad está cargada de muchos ingrediente que la hacen rica en conocimiento. Pero una de las aristas más especiales de la historia es la repostería,  su origen, la adicción que nos causa, el daño que nos hace y paradójicamente el bienestar que no brinda un solo trozo de el tan anhelado dulce.

Todas las recetas que conocemos en la actualidad  son el resultado de años de ensayo y error, de un trabajo arduo de quienes aman este oficio y lo toman como parte esencial de sus vidas, incluso llegando a enfermarse por ello. O bien, curando algún mal del cuerpo o de la mente, también con dicha gastronomía.  

Se pueden comunicar sentimientos a través de la cocina

Esa vía de comunicación no verbal nos traslada y habla de la calidad de un producto, del cariño con el que ha sido tratado, de la pasión de su cocinero cuidando cada detalle, trasladándola al comensal para que pueda degustar toda su historia.

A través de la cocina en sus distintas especialidades, se pueden alimentar los sentidos, que en oportunidades sabemos que están allí con nosotros pero que no los usamos en toda su dimensión,  pues la cocina nos conecta con lo básico y esencial de nuestra vida como son los sentidos para despertar nuestras emociones.

Dicho despertar, podemos alcanzarlo incluso antes de comer por ejemplo nuestro dulce favorito. Todo comienza en la mente, nuestras neuroemociones trabajando en conjunto con  nuestro cuerpo para que la información se derive a nuestros sentidos.

Para iniciar lo haremos con la vista. El lugar donde compraremos el delicioso dulce o donde lo comeremos es esencial para que la dinámica se inicie ya que la comida entra por los ojos. Continuamos con el olfato, a él le debemos un sinnúmero de olores que nos atrapan y que se quedan  registrados en nuestros recuerdos, saliendo a colación cada vez que las ganas de comer un dulce se apodera de nosotros.

Por fin, el gusto hace presencia para confirmar o posiblemente refutar ese sabor que tanto esperábamos probar y que estaba grabado en nuestra memoria para ser degustado una y otra vez. Encontrándose la porción deseada en la boca, ésta se encarga de sentir las texturas y apreciarlas para que nuestro cerebro de el visto bueno.
Finalmente encontramos al oído y posiblemente nos preguntemos,¿qué tiene que ver en todo esto? Pues los sonidos que hacen la antesala al dulce  lo hacen especial para nuestros sentidos y son la forma de alcanzar el placer neuroemocional.

La gastronomía entonces no es cosas sencilla, con ella podemos ir al cielo o al infierno. Los mejores sabores del mundo se lograron a través del tiempo y quizás lo que para usos  es la panacea de la felicidad, para otros es una menudencia. Solo hay que poner en marcha el paladar y perderse en los mares del sabor, dándole gracias a los egipcios por su gran descubrimiento de la levadura y con ello su inigualabre aporte a la humanidad.